jueves, noviembre 17, 2005

No cities left

Si terminase de descascarar esta ciudad, podría prepararme para ser un gran cocinero. Después de todo, ya habría pasado lo peor.

Las cáscaras podrían servir para armar un nuevo distrito, en el que sólo se permita colgar carteles de aeroplanos del 76.

Claro está, todo ello podría pasar, si terminase de descascararla.

Title courtesy by: The Dears - No cities left (Spin art, 2004)

miércoles, noviembre 16, 2005

Hopes and fears

Los saltitos producidos por el juego de unos niños en la calle, esbozan el contorno de lo que debiera ser mi vida.

Title courtesy by: Keane - Hopes and fears (Interscope Records, 2004)

viernes, noviembre 11, 2005

Una copa en sepia

El siguiente texto se encuentra (también) en línea en:
http://www.sazonperu.com/textos/ambientes/copasepia.html


He concluido y empezado mis visitas a los bares, casi siempre, en complicidad con el blanco y negro de la noche. En ello no creo que exista mayor diferencia con cualquier otra persona. Después de todo, los que gustamos del licor siempre hemos sido niños traviesos que aún jugamos a las escondidas. Pero debo confesar que me une un lazo más íntimo (y nostálgico) con algunos bares por encima de otros tantos: sus paredes y sus fotografías.
Generalmente, las fotografías en un bar son retratos muy mal enmarcados en medio de una tabla de madera que simula una pared. Así que su encanto no se encuentra en su presentación (como suele suceder en tantas otras cosas), sino en su color usual: el sepia.

La primera vez que vi una foto en sepia era muy niño y, evidentemente, no estaba en un bar (creo que estaba en una terraza cuando miraba aquella foto). La verdad es que no me causó mayor impresión. A mis 8 años era una simple foto de una persona muerta hacía mucho tiempo y nada más. Repetí la experiencia años después, con idénticos resultados, al ver un álbum de fotos familiares. No fue sino hasta los 15 años que cambié de parecer.
Un grupo de amigos y yo, particularmente bulliciosos todos, decidimos ejercer nuestra adolescencia en un pequeño bar de Barranco cuyo nombre no recuerdo. Al llegar, nos acomodamos rápidamente en una esquina del local y pedimos nuestras primeras cervezas. Y, en medio del bullicio y del alcohol vi un par de fotos muy antiguas colgadas en una pared.

Las fotos retrataban casonas antiguas del distrito. En sepia. Como un pergamino amarillento y deshecho de tanto ser leído y expuesto a la luz. Y entre copas y risas nosotros accedimos, a través de esa fotografía, a la memoria de aquel bar. No a su historia cronológica (que seguramente, debía remontarse sólo a un par de años), sino a la historia que hacía como suya. A la historia que el lugar quería contar.

Tal vez sea efecto del alcohol, pero lo cierto es que no he podido desarrollar el mismo vínculo con otros lugares que exhiban fotografías en sepia. Yo lo atribuyo al inexplicable encanto que sólo un bar puede ofrecer con sus abrazos fraternales entre parroquianos. Porque ese retrato en sepia, sólo en ese ambiente, pareciera simular el último esfuerzo de un lugar por ganarle al tiempo y a su ingrata memoria.

Es más, les propongo algo, ¿por qué no hacen la prueba? Alguna noche de un viernes, salgan, diríjanse a un bar clásico de Lima, pidan una copa y observen sus fotografías. Si tienen mucha suerte, podrán tener el privilegio de tomar un trago haciéndole trampas al reloj.

jueves, noviembre 10, 2005

Insomniac

En las noches saco a pasear un rato la mirada. Ella olisquea algunos cuantos edificios caminando muy oronda entre farolas y jardines. A veces, incluso, corre al encuentro de otra mirada con la que comparte algunos minutos de serena soledad.

Title courtesy by: Echobelly – Everyone´s got one (Sony, 1994)

jueves, noviembre 03, 2005

Logic will break your heart

Terminando de redactar un voluminoso informe, tomé uno de sus bracitos, le coloqué un pulóver azulado y lo dejé correr entre los escritorios de mi oficina. Ahora sólo me queda esperar que pueda volver para la hora de la cena.

Title courtesy by: The Stills - Logic will break your heart (Atlantic, 2003)

Sólo uno de Derecho

Sobre nosotros, los abogados, se ha escrito mucho y se ha dicho la verdad incluso más. Los que ejercemos esa profesión somos vistos como seres viles que merecerían, por su solo título, un infierno tan tortuoso que ni Dante haya podido describir.

Ni siquiera nos conceden la calidad de personas, lo cual es cierto en muchos casos.

Varios de los que practican nuestra profesión mienten, engañan y tuercen la verdad. Otros tantos ni siquiera se preocupan por saber si ella ha existido o existirá, simplemente dicen lo que le convenga a su cliente. Como marionetas, sólo que con mayor entrenamiento (aunque a veces se transformen en titiriteros).

Sin embargo, no todos somos así. Existen muchos que, sacrificando billeteras un poco más nutridas, se dedican a defender lo que ellos consideran que es justicia.

Otros, como yo, no nos dedicamos a tareas tan nobles. Elaboramos informes, participamos en compras de empresas y nos especializamos a litigar procedimientos de libre competencia o de mercado de valores. Pero no mentimos, ni engañamos, ni torcemos la verdad.

Ambos tenemos, a pesar de las visibles diferencias, una gran similitud: defendemos aspectos que son acordes con nuestros principios y sí ello implica defender una corporación o una persona de un barrio marginal pues lo hacemos.

A pesar de todo ello, y de muchos otros abogados en esta misma línea, nos generalizan como grandes ilusionistas que alteran la verdad y hacen de lo falso, lo cierto.

Tengo un amigo que suele decir que él no es abogado, sino que estudió derecho. Cosas muy distintas ambas. Razones para dar esa respuesta no le faltan. Él no miente ni engaña a menos que tenga más de medio litro de alcohol en la sangre y se encuentre con una señorita.

Yo sí digo que soy abogado. Pero miento sólo al contar historias y escribir algunos cuentos que guardo en el desván. Y diré que soy abogado porque, a pesar de miles de palabras y juicios y artículos en contra nuestra, seguiré ejerciendo esta profesión sin inventarme títulos o cargos. Y, sobre todo, porque soy un abogado que puede ejercer su profesión desde el otro lado del estereotipo. Alejado del murmullo de una muchedumbre que, siguiendo una tradición impuesta por la palabra general, trata de agarrarme.